Iniciativa Socialista (portada) Los riesgos de los Organismos Genéticamente Modificados

Brigitte Chamak

Artículo publicado en francés por Transversales, abril 2001, y en castellano en Iniciativa Socialista, verano 2001. Brigitte Chamak, Centro de Sociología Europea del IRESCO (CNRS - Centro nacional de investigaciones científicas de Francia).

Desde 1983, fecha de la producción del primer tabaco resistente a un antibiótico, ha aumentado mucho el número de especies vegetales que han sido objeto de manipulaciones genéticas. En Europa, los primeros experimentos con plantas transgénicas datan de 1987, y en 1994 fue comercializado el primer fruto genéticamente manipulado, el tomate con maduración retardada. Pero actualmente el desarrollo de la industria de Organismos Genéticamente Modificados (OGM) suscita crecientes inquietudes.
Aunque en EE.UU. esta comercialización no ha planteado inicialmente especiales problemas, en Europa, en la India y en otros países los OGM han provocado la emergencia de interrogantes que pocas respuestas satisfactorias encuentran. Ante los riesgos ecológicos, sanitarios, socioeconómicos y éticos, se constata la ausencia de herramientas metodológicas y conceptuales para la realización de una evaluación real.
Se han organizado numerosas reuniones internacionales con el objetivo de elaborar principios y reglas que permitan la evaluación y prevención de los riesgos biotecnológicos, pero los resultados han sido escasos. El protocolo sobre biodiversidad, adoptado en Monreal el 29/1/2000, definió las reglas para el comercio con OGM. Estableció un procedimiento de acuerdo previo para la importación de OGM, de forma que podía negarse tal acuerdo en razón de la incertidumbre científica. Los exportadores de productos transgénicos deben notificarlo a las autoridades competentes de los países importadores y facilitar una información detallada sobre la naturaleza de los productos exportados.
El 25/6/2000, la Unión Europea, en nombre del principio de cautela, ha decidido reforzar los procedimientos y las reglas para la autorización de la colocación de plantas transgénicas en el mercado, pero se constatan muchas imprecisiones sobre aspectos objeto de debates, a veces muy vivos, en la sociedad.

Temores fundados

La difusión de los transgenes en otras plantas u organismos podría estar cargada de consecuencias:
- la difusión de genes de resistencia a los pesticidas podría favorecer la expansión de plantas indeseables muy difíciles de eliminar;
- la difusión de genes de resistencia a los antibióticos hace temer un aumento de la capacidad de los organismos infecciosos para sobrevivir a los antibióticos;
- se corre el riesgo de que la difusión de genes conduzca a un empobrecimiento de la biodiversidad global y de los ecosistemas.
Por otra parte, la utilización en nuestra alimentación de productos procedentes de OGM amenaza con provocar un recrudecimiento de las alergias. Cuando el transgen codifica una proteína conocida por ser un alérgeno, es muy probable que esta proteína, expresada en el vegetal modificado, conserve su potencial alergénico. Ese es el caso de un maíz transgénico, Starlink, que expresa una proteína insecticida de la que se sospecha que es alergénica. Dado el problema que representan las alergias alimentarias, este maíz ha sido retirado del mercado.
Un estudio, publicado en la revista Nature en mayo de 2000, indicaba la posibilidad de un efecto nefasto del maíz transgénico sobre una especie de mariposa del Oeste americano. Este reciente estudio se encuentra en el corazón de una controversia sobre la inocuidad de los OGM, en tanto que otro, publicado en la revista Science, ha evidenciado que este maíz es incapaz de resistir a las agresiones de ciertas piraustas, aunque había sido concebido para ser capaz de resistir a esos insectos devastadores. De hecho, los problemas son múltiples, pues varían en función del OGM considerado:
- respecto a los que han integrado una “resistencia a los insectos”, cabe preguntarse si los insectos no desarrollarán, a su vez, una resistencia ante ella;
- respecto a los que poseen una resistencia a algunos herbicidas se plantea el problema de la transferencia de genes de resistencia a organismos “salvajes”. El ejemplo de Canadá es significativo: el cultivo de colzas genéticamente resistentes a los herbicidas se extiende sobre varios millones de hectáreas y, en unos pocos años, han aparecido, a causa de las polinizaciones cruzadas, líneas de colzas tolerantes a dos o tres herbicidas simultáneamente. La situación se podría hacer inmanejable rápidamente;
- respecto a los que presentan genes marcadores codificando una “resistencia a los antibióticos”, debe temerse que algunas bacterias patógenas puedan hacerse aún más resistentes a los antibióticos. Estos genes son, de hecho, utilizados como marcadores para facilitar la localización de las células en las que el gene se ha integrado bien. Actualmente, se está intentando eliminar estos genes marcadores tras haber identificado las células transformadas.

“Terminator”

Hay otros problemas, como el de los genes que causan esterilidad. Esa es la tecnología “Terminator”, a la que ha renunciado recientemente la empresa Monsanto. La esterilidad de los granos queda asegurada por un gen tóxico que sólo es activo en el momento de la formación de granos de segunda generación, es decir, cuando la planta llega a su madurez. Así, los agricultores que cultivan plantas transgénicas dotadas de un sistema de protección genética se verán obligados a comprar nuevos granos cada año. Eso es lo que Jean-Pierre Berlan denomina “confiscación de la vida”.
Hay otro tipo de OGM, que integra un gen que sirve para silenciar a otros genes. El ejemplo más conocido es el de los tomates en los que se obtiene una conservación prolongada por medio de la inhibición de una enzima responsable del reblandecimiento del fruto.
Las preguntas de los ciudadanos sobre los riesgos potenciales de los OGM no encuentran una verdadera respuesta en el marco institucional. Para rechazar una innovación tecnológica, hay que demostrar que es peligrosa; además, también es necesario que las investigaciones sean consideradas como suficientes. El estudio de los efectos acumulados de diferentes OGM a lo largo del tiempo exige varios años, sin que sea posible realizar predicciones. Por tanto, la construcción de herramientas está en camino y las informaciones no están aún validadas por datos fiables.
La inocuidad de los OGM está por probar. Se expresan opiniones contradictorias y las peticiones de moratoria son cada vez más numerosas, reclamando una suspensión durante cinco años de los vertidos en el medio ambiente de plantas y productos alimentarios transgénicos.

Una difusión acelerada en los países del Sur

Al encontrarse en los países del Norte con un rechazo cada vez más fuerte, los industriales especializados en las biotecnologías se reorientan hacia los países del Sur, tratando de convencerles de que los OGM les interesan. La promoción de cultivos transgénicos pasa por diversas operaciones con objetivo no comercial que son presentadas como acciones de solidaridad Norte-Sur, justificadas por la idea de que los OGM pueden aportar una respuesta las necesidades alimentarias de los países en desarrollo. Una de las maneras de actuar de Monsanto consiste, por ejemplo, en acoger en sus laboratorios a investigadores de Kenia. Otra vía pasa por la adjudicación gratuita de patentes. Monsanto ha anunciado que hará públicos los datos que posee sobre el genoma del arroz, pero esas donaciones no son desinteresadas. Según los investigadores franceses, las secuencias genéticas del arroz de Monsanto carecen de precisión y exigen un considerable trabajo de redefinición. Por otra parte, Monsanto precisa que si los investigadores patentan inventos basados en el uso de sus datos “la compañía se reserva la posibilidad preferente de negociar una licencia no exclusiva de esas patentes”.
Los esfuerzos de las empresas de biotecnología agrícola se benefician del apoyo activo de EE.UU., para quien se trata de un asunto comercial de la mayor importancia. A pesar de las protestas, es muy difícil conseguir el control de la difusión de los OGM. Las organizaciones ecologistas del Tercer Mundo afirman que se está usando la ayuda alimentaria para difundir alimentos transgénicos.
Si el reciente desarrollo de las plantas transgénicas plantea numerosas preguntas y oposiciones, no ocurre lo mismo con las bacterias genéticamente modificadas, que, desde los años 1970, producen valiosos medicamentos. El genio genético permite sintetizar una proteína a partir de un gen aislado transferido dentro de una célula que segregará la proteína en cuestión (denominada “recombinante”).

Avances médicos significativos

En lo sucesivo, la mayor parte de la insulina utilizada para atender a los diabéticos proviene de bacterias recombinantes, y no de páncreas de cerdo. En 1986, la producción de hormona de crecimiento por medio de bacterias ha permitido tratar sin peligro a niños afectados por ciertas formas de enanismo, mientras que los tratamientos anteriores, basados en hormonas extraídas a partir de la hipófisis de cadáveres, habían causado contaminaciones por el agente responsable de la enfermedad de Creutzfeldt-Jacob.
Las proteínas con un potencial interés farmacéutico tienen a veces una estructura compleja. No están compuestas más que de una cadena polipéptica simple como la hormona del crecimiento. Tras el ensamblaje de los aminoácidos, sufren modificaciones que no pueden ser realizadas por bacterias. Solamente las células animales presentan el equipo enzimático necesario para estas modificaciones. El cultivo de células animales permite la producción de proteínas como la eritropoitina o el factor VIII de coagulación, pero esta forma de producción es relativamente poco eficaz.
La utilización de las células en su contexto natural -el animal entero- ha aparecido como una alternativa. Actualmente, los animales son transformados genéticamente para producir medicamentos. Por ejemplo, conejos transgénicos segregan en su sangre alfa-1 antitripsina humana, medicamento contra el enfisema pulmonar. Pero la sangre sólo puede ser una fuente de proteínas ajenas excepcionalmente, ya que éstas son eliminadas rápidamente por el hígado y el riñón. Por ello, la leche se ha mantenido en segundo lugar como fuente de las proteínas recombinantes. El gen codificante para la proteína puede ser injertado sobre la región reguladora de uno de los genes de síntesis de proteínas de la leche que se va a integrar en el papel específico de la acción de la glándula mamaria, asegurando su secreción en la leche. Actualmente, son producidas así varias proteínas y sometidas a test clínicos.
En febrero de 2000, investigadores de la Universidad de Georgia, en EE.UU., han logrado producir una especie de planta transgénica capaz de transformar formas tóxicas del mercurio en otras más inofensivas. Usando un gen bacteriano que han introducido en una planta, Arabidopsis thaliana, han demostrado que esta transformación le permitía sobrevivir sobre territorios contaminados por el metilmercurio. Los procesos de alimentación y de respiración de la planta limpian poco a poco el suelo y pueden reducir ligeramente la toxicidad (hasta un 2% de su toxicidad original). Los expertos en ecología conocen este proceso, al que denominan “bioremediación”, sistema que consiste en desembarazarse de algunos contaminantes gracias a plantas y bacterias. Otras investigaciones afectan a las modificaciones genéticas de mosquitos para hacerles resistentes al agente del paludismo.

¿Peligro o progreso?

Como cualquier producto alimentario o cualquier medicamento, los OGM deben someterse a un dictamen experto riguroso que evalúe sus potenciales riesgos y ventajas. Sin estas evaluaciones previas, seguirán planteándose estos interrogantes: ¿para qué crear OGM? ¿resulta peligroso para la salud? La segunda de estas preguntas es la más frecuente respecto a los OGM en el ámbito alimentario, pero nadie puede dar hoy en día una respuesta, ya que no pueden excluirse los efectos a largo plazo. Pero sustituyamos la pregunta por esta otra: para los consumidores, ¿ofrecen alguna ventaja los productos alimentarios genéticamente modificados? Pues no resulta nada evidente que existan tales ventajas. Por el contrario, con los OGM se puede estar corriendo un riesgo inútil. Da la impresión de que tras la puesta en circulación de los OGM en la alimentación no hay otro interés que el de los industriales que han apostado por este mercado y esperan que sus inversiones les reporten beneficios.
A lo largo de la vida, todos y cada uno de nosotros debemos tomar decisiones, eligiendo alguna opción, y con frecuencia se paga un precio por ello. Los industriales también optan, pero se resisten a admitir que los nuevos mercados que crean no siempre corresponden a las aspiraciones de los ciudadanos. Tal vez haya llegado el momento de que comprendan que su apuesta por el desarrollo de los OGM con fines alimentarios fue una mala decisión y de que deben renunciar a recuperar sus inversiones en ese campo. En caso contrario, estaríamos aceptando asumir, una vez más, riesgos inútiles. En diez o veinte años, podrían aparecer nuevas patologías, causantes de daños y costes muy superiores a los que hayan podido tener las investigaciones financiadas por las multinacionales para comercializar este tipo de productos.